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Por qué 'Taracá' es el álbum más personal (y bailable) de Jorge Drexler

  • 20 mar
  • 2 Min. de lectura

No es solo un título sonoro; es una declaración de principios. La palabra nace de una aféresis de "estar acá", una invitación a la presencia plena en un mundo que corre demasiado rápido. Pero también es una onomatopeya: el golpe seco y rítmico del tambor chico, el alma del candombe uruguayo. Drexler no ha sacado un disco cualquiera; ha condensado "media vida" de búsquedas en 11 canciones donde la palabra y el cuero del tambor son los únicos protagonistas necesarios.



Lo más fascinante de este material es cómo Drexler dibuja un triángulo geográfico y generacional, teniendo como raíz el candombe de Montevideo, esa herencia afrodescendiente que corre por las venas de Uruguay.

De igual forma colaboraciones que, en papel, parecen imposibles pero que en el disco suenan naturales. Tenemos desde el peso de la murga Falta y Resto y la guitarra de Julio Cobelli, hasta la frescura urbana de la puertorriqueña Young Miko o el quejío flamenco de Ángeles Toledano. Es un álbum que demuestra que la música no entiende de muros, sino de pulsos compartidos.




Drexler dedica esta obra a su padre, Gunther, un hombre cuya vida estuvo marcada por la huida de la Alemania nazi y el exilio en el Uruguay de los 70. En ella rescata una anécdota preciosa: su padre siempre estaba grabando a la familia con su cámara Súper 8. En aquel entonces, parecía una obsesión casi molesta. Hoy, Jorge entiende que esa lente no era solo una cámara, era una mirada de amor. En medio de la oscuridad de una dictadura y el miedo, su padre eligió filmar la cotidianidad, los juegos y la risa como un escudo protector.



“Vivir a pesar del miedo y de la vergüenza de ser feliz”, dice Drexler, y esa frase resume el espíritu de todo el álbum.

Para redondear el lanzamiento, el disco no llega solo. Se acompaña de un showcase de 30 minutos grabado en su tierra natal. Es una inmersión en vivo donde se puede ver cómo esa "comunidad musical" (productores como Lucas Piedra Cueva o el propio Drexler) traslada el estudio al escenario, ofreciendo una fotografía actual de lo que suena hoy en Uruguay. Lo puedes ver aquí: https://www.youtube.com/watch?v=N5TXzAPGppc


Al final, Taracá nos recuerda que todos tenemos nuestra propia 'cámara Súper 8' mental: esa capacidad de elegir en qué belleza enfocarnos cuando el mundo exterior parece desmoronarse. Drexler nos ha dado el ritmo, ahora nos toca a nosotros decidir cómo bailarlo.




 
 
 

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BIEN CURADO. 2026. Madrid.

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